¡¡Qué bonita es la princesa!
¡qué traviesa!
¡qué bonita
la princesa pequeñita
de los cuadros de Watteau!
Yo la miro, ¡yo la admiro,
yo la adoro!
Si suspira, yo suspiro;
si ella llora, también lloro;
si ella ríe, río yo.
Cuando alegre la contemplo,
como ahora, me sonríe,
...y otras veces su mirada
en los aires se deslíe
pensativa.
¡Si parece que está viva
la princesa de Watteau!
Al pasar la vista, hiere,
elegante,
y ha de amarla quien la viere.
...Yo adivino en su semblante
que ella goza, goza y quiere,
vive y ama, sufre y muere...
como yo.Qué bonita es la princesa!
¡qué traviesa!
¡qué bonita
la princesa pequeñita
de los cuadros de Watteau!
Yo la miro, ¡yo la admiro,
yo la adoro!
Si suspira, yo suspiro;
si ella llora, también lloro;
si ella ríe, río yo.
Cuando alegre la contemplo,
como ahora, me sonríe,
...y otras veces su mirada
en los aires se deslíe
pensativa.
¡Si parece que está viva
la princesa de Watteau!
Al pasar la vista, hiere,
elegante,
y ha de amarla quien la viere.
...Yo adivino en su semblante
que ella goza, goza y quiere,
vive y ama, sufre y muere...
como yo.Qué bonita es la princesa!
El
poema presenta una situación contemplativa: una persona que coincide con la voz
poética comenta sus impresiones ante el personaje representado en varios
cuadros, una mujer o una niña.
La contemplación de la belleza femenina que
le hace exclamar: "¡qué bonita es la princesa! constituye un tema
constante en la lírica. Sin embargo, en este caso se introduce una interesante
variación del topoi, no se contempla a una mujer real sino una variación
pictórica de la misma, que sin embargo, tiene un carácter dinámico gracias al
hecho de que no se contempla en un solo cuadro sino distintas poses de varios
cuadros. Por otra parte, el poeta busca ir más allá de lo físico y se
identifica con el ser interior. La dama, icono cultural establecido mediante el
virtuema (POTTIER) "princesa" no es motivo de angustia o de deseo, es
un instrumento de reflexión sobre la existencia, a mi juicio, el verdadero tema
del poema, como consideraremos después.
La estructura interna del texto se puede
dividir en dos partes del modo siguiente:
En la
primera parte se describe la belleza pícara de la princesa desde un punto de
vista estético y superficial. A partir del verso 13 y hasta el 15 se produce un
cambio que podríamos considerar como una transición hacia la segunda parte. En
ella se pasa a considerar el mundo interior: "otras veces su mirada en los
aires se deslie pensativa" En la segunda parte se trasciende hacia una
emoción más profunda, aunque todavía aparezcan aspectos más superficiales como
la elegancia. El último cuarteto es la culminación de esta consideración más trascendente; en ella el sujeto observado
ya no es un ser inanimado, cosificado en su gracia y belleza, sino una persona
con emociones con la que el poeta se siente identificado.
Comentario
de la elocución:
Podemos
apreciar en el poema una búsqueda intencionada de la musicalidad que se consigue
mediante la rima consonante de algunos versos (eso, ita, iro, ere) y el
predominio de la terminación en la vocal "o" en los restantes. Los
versos son cortos y fluidos, con predominio de la línea poética escalonada para
marcar la intensidad de ciertos adjetivos como: "pensativa",
"elegante", y la referencia a la identidad de la propia persona
representada en la voz poética: "río yo", "como yo". Es
frecuente el encabalgamiento, que acelera el ritmo y la sensación de fluidez,
frente al uso de comas y polisíndeton que lo detienen en los versos 8 al 10:
"si suspira, yo suspiro, si ella llora, también lloro, si ella ríe, río
yo. Y del 22 al 24: "ella goza, goza y quiere, vive y ama, sufre y muere
¡como yo!. Se debe hacer notar también el uso de la anáfora y las
construcciones bimembres en esta formulación recursiva del texto. Por otra
parte, cabe mencionar el uso de la exclamación al comienzo, en el centro y al
final del poema para elevar la voz poética y permitir el contraste entre los
campos semánticos positivo y negativo a los que me referiré después.
En el plano morfosintáctico merece especial
atención el uso que hace el poeta de los recursos antes señalados, enumeración,
exclamación, repetición, para producir un efecto acumulativo. Al uso de
estructuras bimenbres se unen las correlaciones: "suspira-suspiro" ,
"llora-lloro". El tiempo verbal es el presente, pues se pretende
captar el instante, la actitud es contemplativa ante los cuadros y lo que estos
sugieren al observador. Por ello, el predominio del texto descriptivo determina
el uso de adjetivos, todos ellos sencillos y sin valor ornamental alguno como
"bonito", "traviesa", "elegante". Estos adjetivos
se engarzan con los verbos que pretenden mostrar al lector el valor emocional
de lo comtemplado: suspirar, llorar, estar alegre. Estos adjetivos se engarzan
con los verbos que pretenden mostrar al lector el valor emocional de lo
contemplado: suspirar, llorar, estar alegre, reir, sonreir, pensar y así llega
hasta el final: gozar, amar, sufrir, morir. Emplea pues una sucesión
enumerativa en un evidente crescendo que lleva al poema, como antes señalaba,
de un inicio intrascendente y banal, hacia un final trascendente que dota al
texto de su valor existencial.
Precisamente
es ese valor cruzado de las polaridades positivas y negativas de estos verbos
donde encontramos la principal riqueza de los campos semánticos del poema, y no
en los adjetivos. Contrasta el llanto con la risa y la vida con la muerte.
Es
llamativo el escaso uso del lenguaje figurado o de los tropos, de hecho, es
posible una interpretación literal de cuanto se dice, algo poco frecuente en la
lírica. Se debe exceptuar algún ejemplo como: "su mirada en el aire se
deslie" es una imagen que produce un efecto sensorial, la creación de una
atmósfera melancólica, también encontramos una sinestesia en esta otra imagen:
"al pasar la vista hiere". Se trata de un lugar común literario,
conceder a la belleza el poder de herir, y que se emplea aquí con la intención
de contrastar esa imagen del icono femenino de belleza cosificada con la idea
del valor humano, de la identidad de lo contemplado frente al yo que lo
contempla.
Interpretación
final y consideraciones pragmáticas.
Desde
el punto de vista pragmático podemos inferir del texto dos planos de interpretación.
En un primer plano estaría la imagen del poeta contemplando la princesa del
cuadro y sintiéndose identificado con ella como ser perecedero, aún siendo una
princesa y aún estando representada en
un cuadro. Tema que nos remite a otro topoi literario, el del poder igualitario
de la muerte. Además el poeta expresa el fenómeno estético de la contemplación
de la obra píctorica como un hecho subjetivo, en otras palabras, reconoce que
el estado de ánimo del que contempla influye en la percepción de lo contemplado
hasta el punto de verlo de maneras completamente distintas.
Por
otra parte, podemos situarnos en un plano de interpretación más complejo, desde
el cual nos hayamos ante una doble contemplación artística: la de la persona
que escribe el poema y mira los cuadros, de un lado, y del otro, la de la que lee el poema, que es a quien
este se destina y que convierte el verso final en una reflexión: "ella
sufre y muere como tú".
En
última instancia, desde la cosmovisión (GOLDMAN) que se encuentra en este
texto, podemos tomar un icono cultural humano, como también lo hizo Rubén Darío
en sus poemas, y reinterpretarlo desde un plano existencial, partiendo desde la
constatación de su belleza externa. Se
trata por tanto de una reflexión artística moderna, tanto por su forma como por
su contenido. El poema es una obra de arte y una reflexión sobre el arte
simultáneamente, sobre la belleza y sobre su recepción. Hay una referencia al
lado oscuro que encierra la alegría y la hermosura juvenil, el poder y la condición
social, en tanto que ambas son efímeras.
Es poema es, de algún modo, como la princesa misma, en apariencia
sencilla y juguetona, segura de sí misma, y compleja y llena de pasión y
tristeza en su interior. Me atrevería a decir, para finalizar, que este poema
contiene una reflexión en sí mismo hacia la búsqueda de la belleza en el arte,
tan importante en el modernismo y el simbolismo, y la necesidad de dotar a lo
estético de una profundidad, de un sentido que le permita despegar de lo
anecdótico (como haría el pintor en algunos de sus cuadros) para situarnos en
un plano más significativo y trascendente.
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