Libros al viento.

TEXTO LÍRICO 3

¡¡Qué bonita es la princesa!
¡qué traviesa!
¡qué bonita
la princesa pequeñita
de los cuadros de Watteau
Yo la miro, ¡yo la admiro,
yo la adoro!
Si suspira, yo suspiro;
si ella llora, también lloro;
si ella ríe, río yo.
Cuando alegre la contemplo,
como ahora, me sonríe,
...y otras veces su mirada
en los aires se deslíe
pensativa.
¡Si parece que está viva
la princesa de Watteau!
Al pasar la vista, hiere,
elegante,
y ha de amarla quien la viere.
...Yo adivino en su semblante
que ella goza, goza y quiere,
vive y ama, sufre y muere...
como yo.Qué bonita es la princesa!


   El poema presenta una situación contemplativa: una persona que coincide con la voz poética comenta sus impresiones ante el personaje representado en varios cuadros, una mujer o una niña.

  La contemplación de la belleza femenina que le hace exclamar: "¡qué bonita es la princesa! constituye un tema constante en la lírica. Sin embargo, en este caso se introduce una interesante variación del topoi, no se contempla a una mujer real sino una variación pictórica de la misma, que sin embargo, tiene un carácter dinámico gracias al hecho de que no se contempla en un solo cuadro sino distintas poses de varios cuadros. Por otra parte, el poeta busca ir más allá de lo físico y se identifica con el ser interior. La dama, icono cultural establecido mediante el virtuema  (POTTIER) "princesa" no es motivo de angustia o de deseo, es un instrumento de reflexión sobre la existencia, a mi juicio, el verdadero tema del poema, como consideraremos después.

  La estructura interna del texto se puede dividir en dos partes del modo siguiente:
En la primera parte se describe la belleza pícara de la princesa desde un punto de vista estético y superficial. A partir del verso 13 y hasta el 15 se produce un cambio que podríamos considerar como una transición hacia la segunda parte. En ella se pasa a considerar el mundo interior: "otras veces su mirada en los aires se deslie pensativa" En la segunda parte se trasciende hacia una emoción más profunda, aunque todavía aparezcan aspectos más superficiales como la elegancia. El último cuarteto es la culminación de esta consideración  más trascendente; en ella el sujeto observado ya no es un ser inanimado, cosificado en su gracia y belleza, sino una persona con emociones con la que el poeta se siente identificado.

Comentario de la elocución:

Podemos apreciar en el poema una búsqueda intencionada de la musicalidad que se consigue mediante la rima consonante de algunos versos (eso, ita, iro, ere) y el predominio de la terminación en la vocal "o" en los restantes. Los versos son cortos y fluidos, con predominio de la línea poética escalonada para marcar la intensidad de ciertos adjetivos como: "pensativa", "elegante", y la referencia a la identidad de la propia persona representada en la voz poética: "río yo", "como yo". Es frecuente el encabalgamiento, que acelera el ritmo y la sensación de fluidez, frente al uso de comas y polisíndeton que lo detienen en los versos 8 al 10: "si suspira, yo suspiro, si ella llora, también lloro, si ella ríe, río yo. Y del 22 al 24: "ella goza, goza y quiere, vive y ama, sufre y muere ¡como yo!. Se debe hacer notar también el uso de la anáfora y las construcciones bimembres en esta formulación recursiva del texto. Por otra parte, cabe mencionar el uso de la exclamación al comienzo, en el centro y al final del poema para elevar la voz poética y permitir el contraste entre los campos semánticos positivo y negativo a los que me referiré después.

  En el plano morfosintáctico merece especial atención el uso que hace el poeta de los recursos antes señalados, enumeración, exclamación, repetición, para producir un efecto acumulativo. Al uso de estructuras bimenbres se unen las correlaciones: "suspira-suspiro" , "llora-lloro". El tiempo verbal es el presente, pues se pretende captar el instante, la actitud es contemplativa ante los cuadros y lo que estos sugieren al observador. Por ello, el predominio del texto descriptivo determina el uso de adjetivos, todos ellos sencillos y sin valor ornamental alguno como "bonito", "traviesa", "elegante". Estos adjetivos se engarzan con los verbos que pretenden mostrar al lector el valor emocional de lo comtemplado: suspirar, llorar, estar alegre. Estos adjetivos se engarzan con los verbos que pretenden mostrar al lector el valor emocional de lo contemplado: suspirar, llorar, estar alegre, reir, sonreir, pensar y así llega hasta el final: gozar, amar, sufrir, morir. Emplea pues una sucesión enumerativa en un evidente crescendo que lleva al poema, como antes señalaba, de un inicio intrascendente y banal, hacia un final trascendente que dota al texto de su valor existencial.

  Precisamente es ese valor cruzado de las polaridades positivas y negativas de estos verbos donde encontramos la principal riqueza de los campos semánticos del poema, y no en los adjetivos. Contrasta el llanto con la risa y la vida con la muerte.

Es llamativo el escaso uso del lenguaje figurado o de los tropos, de hecho, es posible una interpretación literal de cuanto se dice, algo poco frecuente en la lírica. Se debe exceptuar algún ejemplo como: "su mirada en el aire se deslie" es una imagen que produce un efecto sensorial, la creación de una atmósfera melancólica, también encontramos una sinestesia en esta otra imagen: "al pasar la vista hiere". Se trata de un lugar común literario, conceder a la belleza el poder de herir, y que se emplea aquí con la intención de contrastar esa imagen del icono femenino de belleza cosificada con la idea del valor humano, de la identidad de lo contemplado frente al yo que lo contempla.


    Interpretación final y consideraciones pragmáticas.

   Desde el punto de vista pragmático podemos inferir del texto dos planos de interpretación. En un primer plano estaría la imagen del poeta contemplando la princesa del cuadro y sintiéndose identificado con ella como ser perecedero, aún siendo una princesa  y aún estando representada en un cuadro. Tema que nos remite a otro topoi literario, el del poder igualitario de la muerte. Además el poeta expresa el fenómeno estético de la contemplación de la obra píctorica como un hecho subjetivo, en otras palabras, reconoce que el estado de ánimo del que contempla influye en la percepción de lo contemplado hasta el punto de verlo de maneras completamente distintas.

Por otra parte, podemos situarnos en un plano de interpretación más complejo, desde el cual nos hayamos ante una doble contemplación artística: la de la persona que escribe el poema y mira los cuadros, de un lado, y del otro,  la de la que lee el poema, que es a quien este se destina y que convierte el verso final en una reflexión: "ella sufre y muere como tú".

En última instancia, desde la cosmovisión (GOLDMAN) que se encuentra en este texto, podemos tomar un icono cultural humano, como también lo hizo Rubén Darío en sus poemas, y reinterpretarlo desde un plano existencial, partiendo desde la constatación de su belleza externa.  Se trata por tanto de una reflexión artística moderna, tanto por su forma como por su contenido. El poema es una obra de arte y una reflexión sobre el arte simultáneamente, sobre la belleza y sobre su recepción. Hay una referencia al lado oscuro que encierra la alegría y la hermosura juvenil, el poder y la condición social, en tanto que ambas son efímeras.  Es poema es, de algún modo, como la princesa misma, en apariencia sencilla y juguetona, segura de sí misma, y compleja y llena de pasión y tristeza en su interior. Me atrevería a decir, para finalizar, que este poema contiene una reflexión en sí mismo hacia la búsqueda de la belleza en el arte, tan importante en el modernismo y el simbolismo, y la necesidad de dotar a lo estético de una profundidad, de un sentido que le permita despegar de lo anecdótico (como haría el pintor en algunos de sus cuadros) para situarnos en un plano más significativo y trascendente.


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